El tango, una de las expresiones culturales más emblemáticas de Argentina, tiene sus raíces profundamente arraigadas en la ciudad de Buenos Aires. Su historia es un reflejo de la compleja trama social, cultural y política que caracterizó a la ciudad desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. Para comprender la evolución del tango, es necesario adentrarse en los barrios porteños, en las voces de sus inmigrantes, en los cafetines y en los salones de baile que fueron testigos de su nacimiento y desarrollo.
Orígenes del Tango: La Confluencia de Culturas
El tango surgió a finales del siglo XIX en los arrabales de Buenos Aires, una ciudad que en ese momento experimentaba un crecimiento acelerado debido a la inmigración masiva. Entre 1880 y 1930, Argentina recibió a millones de inmigrantes, principalmente de Europa (españoles, italianos, franceses, alemanes y europeos del este), pero también de otras regiones como África y el cercano Oriente. Estos inmigrantes llegaron con la esperanza de encontrar trabajo y prosperidad, pero se encontraron con una realidad dura: hacinamiento en conventillos (viviendas colectivas), precariedad laboral y un sentimiento de desarraigo.
En este contexto de marginalidad y mezcla cultural, el tango comenzó a gestarse. Sus raíces son múltiples y difusas, pero se pueden rastrear en tres grandes influencias:
1. La música africana: Los ritmos y danzas traídos por los esclavos africanos, como el candombe, aportaron elementos rítmicos y coreográficos que influyeron en el tango. La milonga, un género musical precursor del tango, tiene claras raíces afro-rioplatenses.
2. La música europea: Los inmigrantes europeos trajeron consigo sus tradiciones musicales, como la habanera cubana (de origen español), el vals, la polka y la mazurca. Estos géneros se fusionaron con los ritmos locales, dando lugar a una nueva expresión musical.
3. La cultura criolla: Los gauchos y los habitantes rurales de la pampa aportaron elementos como la payada (improvisación poética) y la guitarra, que se integraron en la música urbana.
El tango, en sus inicios, no era más que una forma de expresión popular en los barrios marginales de Buenos Aires, como La Boca, San Telmo y Barracas. Se tocaba en los patios de los conventillos, en los bares y en los prostíbulos, lugares donde se reunían hombres solos, trabajadores y marginales. El baile era sensual y provocativo, y las letras de las canciones reflejaban el desarraigo, la nostalgia y la vida en los arrabales.
El Tango como Baile Prohibido
En sus primeros años, el tango fue asociado con la marginalidad y la prostitución. Las clases altas de Buenos Aires lo consideraban vulgar e inmoral, y lo rechazaban por su origen en los estratos más bajos de la sociedad. Sin embargo, a principios del siglo XX, el tango comenzó a ganar popularidad en Europa, especialmente en París, donde fue adoptado por la alta sociedad como una danza exótica y sensual. Este éxito en el extranjero hizo que el tango fuera revalorizado en Argentina, y comenzó a ser aceptado en los salones de baile de la clase media y alta porteña.
El baile del tango evolucionó durante este período. De ser una danza improvisada y callejera, pasó a ser una forma de arte más refinada, con pasos y figuras codificadas. Las orquestas típicas, compuestas por bandoneón, violín, piano y contrabajo, comenzaron a dominar la escena musical, y figuras como Vicente Greco y Juan Maglio (Pacho) se convirtieron en referentes del género.
La Edad de Oro del Tango: 1930-1950
La década de 1930 marcó el inicio de la llamada «Edad de Oro» del tango, un período de esplendor que se extendió hasta mediados de la década de 1950. Durante estos años, el tango se consolidó como la música popular por excelencia de Buenos Aires, y alcanzó una sofisticación artística sin precedentes.
Uno de los factores que contribuyeron a este auge fue la aparición de la radio y el cine, que difundieron el tango a nivel masivo. Las orquestas de tango, como las de Juan D’Arienzo, Carlos Di Sarli, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, se convirtieron en fenómenos de popularidad, y sus grabaciones eran escuchadas en todo el país. El bandoneón, un instrumento de origen alemán, se consolidó como el alma del tango, gracias a intérpretes como Troilo y Astor Piazzolla.
Las letras del tango también alcanzaron su máxima expresión durante este período. Poetas como Enrique Santos Discépolo, Homero Manzi y Cátulo Castillo escribieron versos que reflejaban las preocupaciones y sentimientos de la gente común: el amor, el desengaño, la traición, la nostalgia por el barrio y la crítica social. Discépolo, en particular, es recordado por tangos como «Cambalache» y «Yira, yira«, que retratan con crudeza la realidad argentina de la época.
El baile del tango también vivió su apogeo durante la Edad de Oro. Los salones de baile, como el mítico Club Atlético River Plate (conocido como «La Catedral del Tango«), se llenaban de parejas que bailaban al ritmo de las orquestas. El tango se convirtió en una forma de socialización y expresión cultural, y su práctica se extendió a todos los estratos sociales.
El Declive y la Renovación del Tango
A partir de la década de 1950, el tango comenzó a perder popularidad en Argentina. Varios factores contribuyeron a este declive: el surgimiento de nuevos géneros musicales, como el rock and roll y la música pop; los cambios sociales y culturales que alejaron a las nuevas generaciones del tango; y la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, que reprimió las expresiones culturales consideradas subversivas.
Sin embargo, el tango no desapareció. En las décadas de 1960 y 1970, surgieron figuras como Astor Piazzolla, quien revolucionó el género al fusionarlo con el jazz y la música clásica, creando el llamado «tango nuevo». Piazzolla fue criticado por los puristas, que consideraban que su música traicionaba la esencia del tango, pero su obra ha sido reconocida a nivel internacional como una de las más importantes del siglo XX.
El Resurgimiento del Tango en la Actualidad
A partir de la década de 1980, el tango experimentó un resurgimiento en Argentina y en el mundo. Este renacimiento fue impulsado por varios factores: la revalorización del patrimonio cultural argentino, el éxito de espectáculos como «Tango Argentino» en Broadway, y la declaración del tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009.
Hoy en día, el tango sigue siendo una parte fundamental de la identidad cultural de Buenos Aires. La ciudad cuenta con numerosas milongas (salones de baile), donde personas de todas las edades y nacionalidades se reúnen para bailar tango. Festivales como el «Festival y Mundial de Tango» atraen a miles de visitantes cada año, y escuelas de tango enseñan a nuevas generaciones de bailarines y músicos.
El tango también ha evolucionado en el siglo XXI, incorporando influencias de otros géneros musicales y explorando nuevas formas de expresión. Artistas como Gotan Project y Bajofondo han fusionado el tango con la electrónica, llevando el género a nuevos públicos.
Conclusión
La historia del tango en Buenos Aires es la historia de una ciudad y su gente. Desde sus humildes orígenes en los arrabales hasta su consagración como símbolo cultural, el tango ha sido un reflejo de las alegrías, tristezas y luchas de los porteños. Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, el tango sigue vivo, evolucionando y adaptándose a los tiempos, pero manteniendo intacta su esencia: la pasión, la melancolía y la conexión entre quienes lo bailan y lo escuchan.